LA CUESTIÓN NUCLEAR EN IRÁN, EL MEDIO ORIENTE Y EL MUNDO

La historia relativamente reciente recuerda como los bombardeos atómicos a las ciudades de Nagasaki e Hiroshima en 1945 desencadenó la muerte instantánea de miles de personas, además de causar la aparición de innumerables enfermedades congénitas (distintos tipos de cáncer y leucemia) en la población japonesa que hasta el día de hoy perduran. Y, aquí podemos hablar de la lluvia radiactiva que sirvió de bebida a los habitantes de Hiroshima horas después del tristemente célebre ataque atómico estadounidense. Los civiles de ambas ciudades han ido muriendo poco a poco, aña tras año, como consecuencia de la radiación.

También cabe recordar el accidente nuclear de Chernobil, en Ucrania en 1986. En ese entonces una sucesión de errores dejo al descubierto el núcleo del reactor nuclear emitiéndose una gigantesca nube radiactiva hacia toda Europa. Ni los miles de voluntarios desplazados al lugar del siniestro provenientes de toda la URSS pudieron impedir que la radiación alcance el cielo del viejo continente. El accidente evidenció la falta de medidas preventivas de los países nucleares ante un suceso de tal magnitud.

La energía nuclear iba a ser, según las consignas publicitarias del lobby atómico, la más barata y segura jamás producida. Hoy sabemos que no es así. Ha quedado al descubierto la naturaleza inhumana de la apuesta estatal por la construcción de la bomba atómica y el riesgo que ello representa para la paz regional y mundial.

En la actualidad está vigente el Tratado de No Proliferación (suscrito en 1968, en vigor desde 1970) que reconoce a cinco potencias nucleares (Rusia, Estados Unidos, Reino Unido, Francia y China), permite el uso pacífico de la energía nuclear y recoge el compromiso de los países nucleares para la reducción y liquidación de sus respectivos arsenales nucleares. Contraviniendo el espíritu de este tratado, Israel se ha convertido en un Estado nuclear no reconocido, violando las normas de la Organización Internacional de Energía Nuclear (AIEA). Esto le ha permitido consolidar y fortalecer sus políticas de fuerza contra Palestina y aplastar los derechos humanos en Gaza sin que prácticamente nadie se oponga. Para Estados Unidos no fue un problema, sino, la consolidación de una alianza estratégica.

El TNP es injusto pero indispensable. Es injusto porque es discriminatorio, pues permite el desarrollo de las armas nucleares en algunas naciones como Israel y condena a otras naciones como Irán y Corea del Norte. Es injusto además, por el colosal arsenal de armas no convencionales existente en la actualidad en territorio de las potencias nucleares. Es así que Estados Unidos dispone de 534 misiles balísticos intercontinentales, 432 misiles balísticos de lanzamiento submarino y aproximadamente dos centenares de bombarderos nucleares de largo alcance. El total de cabezas nucleares desplegados podría oscilar, según fuentes, entre 5.000 y 10.000.

Por su parte Rusia cuenta con 5192 cabezas nucleares activas de un total de 14000. El número de armas nucleares expuesto es más que suficiente para acabar con la existencia de la raza humana. La interrogante cae por su propio peso ¿estamos a salvo? ¿Podemos depositar nuestra confianza en las acciones que tomen las potencias nucleares? ¿Las armas nucleares son garantía de paz? Lo inaudito del asunto es que quienes hablan de paz son los mismos que mantienen intacto su poderío militar.

De otro lado, es indispensable el TNP porque la no proliferación de armas nucleares es una necesidad imperativa, dado que el mundo se ha convertido en un verdadero polvorín. Ningún país del orbe puede esgrimir que la problemática de las armas nucleares no sea vinculante a su seguridad. La tecnología de punta puesta al servicio de planes perversos ha echado por tierra los intentos de desarme y aumentado la desconfianza entre los gobiernos.

Pero el mundo ha ido dando vueltas y uno de los giros más decisivos de la política internacional, en los últimos años, ha sido el desarrollo de la tecnología nuclear en Irán. Se están cambiando los términos de referencia de la seguridad nuclear y alterando las tradicionales correlaciones de fuerzas en el Medio Oriente. Irán asegura que el enriquecimiento de Uranio es con fines pacíficos, por el contrario, la OTAN y los países Occidentales, aseguran que su fin es producir armas nucleares, lo cual constituye, según ellos, un peligro muy grande para la estabilidad del sistema.

Un país como Irán, aliado del mundo árabe, se añade a la lista de países con tecnología nuclear disponible. Ante este hecho han aparecido distintos métodos de presión diplomática. Y uno de los países que más ha dado la “voz de alarma” ha sido Estados Unidos. La estrategia de Estados Unidos ha evolucionado del diálogo a las amenazas y últimamente a las sanciones. Pero no tiene el respaldo necesario en el Consejo de Seguridad de la ONU, pues China y Rusia se resisten a secundar medidas de fuerza. En el ínterin dos potencias emergentes: Brasil y Turquía, han concluido recientemente un acuerdo con Irán que fortalece la posición de Teherán.

El desarrollo del programa nuclear iraní, ha originado una crisis diplomática que bien puede derivar en un conflicto armado si no se detiene a tiempo las intenciones belicistas de gobiernos obsesionados con la guerra y el poder.

Los principales actores de la política internacional están obligados a preservar la paz echando mano a instrumentos legales imprescindibles en este tipo de situaciones. Nadie tiene el derecho de amenazar con acciones de fuerza a ningún país por el solo hecho de ser una potencia militar. Y mucho menos, un país como Estados Unidos, que tiene las manos manchadas en sangre luego de liderar la resolución violenta de conflictos internacionales ignorando la falta de consenso en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Ahí están las 4 guerras recientes, la del Golfo Pérsico, la de Yugoslavia, la de Afganistán y la última de Irak.

Irán ha hecho público ante la Comunidad Internacional su deseo de desarrollar y utilizar su programa nuclear, estrictamente, con fines pacíficos y civiles, lo cual es un derecho consagrado en el Tratado de No Proliferación firmado por 170 países incluido Irán. Tal decisión evidencia un notable progreso tecnológico y lejos de representar una amenaza a la paz en Oriente Medio tiene connotaciones totalmente distintas a las que Occidente propala.

Actualmente Irán enriquece uranio en un 20% para hacer funcionar el reactor atómico de Teherán, diseñado para producir isótopos con fines medicinales y generar energía eléctrica para la población. Para construir una bomba nuclear es necesario tener uranio enriquecido en al menos 90%. En este punto queda claro lo lejos que está Irán de ese porcentaje y lo absurdo del ruido mediático y político acusando a un país soberano sin fundamento.

Este ruido al que hacemos referencia pretende confundir a la opinión pública internacional ocultando el nivel de desarrollo alcanzado por los iraníes en muchos otros aspectos. Occidente prefiere callar respecto de que Irán es una sociedad crecientemente informada y educada. Cada año, 700.000 estudiantes acceden a la universidad (en un país de 71 millones de habitantes). Se publican 155 periódicos diarios y se editan anualmente 45.000 títulos de libros (más que en Francia, por ejemplo). Más aún, la sociedad de la comunicación tiene en Teherán una de las más rápidas tasas de expansión del mundo. Los móviles están en todas partes. Un 20% de los hogares dispone de computadora. En esa línea ascendente, el número de usuarios de internet en Irán ha pasado de menos de dos millones en el 2002 a más de 16 millones en la actualidad. Se contabilizan 535.000 blogs, con casi 12 millones de artículos en este momento.

Tal vez el cambio más fundamental se refiere a las mujeres iraníes. Son ya mayoría entre los estudiantes de la universidad, son tan usuarias de internet como los hombres y el 40% de los blogs provienen de mujeres que los utilizan para expresar ideas de corte innovador.

Todo este esfuerzo colectivo por mejorar sin renunciar a la identidad puede quedar sepultado mañana bajo las bombas. Si así fuera, se habrá frustrado una vez más, el camino hacia un mundo diverso capaz de coexistir. Habría que preguntarse si estamos dispuestos a participar de la toma de conciencia respecto a este tema. ¿Qué podemos hacer hoy nosotros para evitar un ataque a Irán? ¿Cómo actuaríamos si el país amenazado fuese el nuestro?

Para finalizar cabe resaltar que se necesita el compromiso de las potencias nucleares para desmantelar progresivamente los distintos arsenales nucleares que amenazan la paz mundial. En este marco, el desarrollo del programa nuclear iraní, sometido a un análisis más profundo, no es algo a lo cual necesariamente deban aspirar otros países, pero dada la coyuntura y los intereses por dominar un área estratégica de la Tierra, a los dirigentes iraníes no les queda otra salida. Irán es la piedra que hay que remover para complementar el control sobre las rutas y las reservas energéticas del Medio Oriente. En ese sentido, podemos concluir que está plenamente justificado y es legal el accionar de Irán en este terreno.

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Acerca de belator1978

Periodista Internacional. Magíster con mención en Problemática Internacional. Especialista en conflictos armados y política exterior.
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