PROBLEMÁTICA DE LAS UNIVERSIDADES EN EL SIGLO XXI

Las dimensiones de la problemática universitaria actual abarcan un conjunto de aspectos del ámbito académico que para bien o para mal han trastocado los viejos paradigmas imperantes en la educación superior tradicional.

Los espectaculares cambios que ha experimentado la sociedad en los últimos años dan cuenta de un sistema de cosas cuyo común denominador es el deseo de destacarse. En efecto, es el cambio estructural en la organización de las instituciones del estado y del sector privado lo que permite hablar de una coyuntura nacional e internacional donde el capital humano ha sido y es el motor de grandes proyectos realizados y por realizar.

La nueva realidad empuja a las universidades a dar luz verde a procesos de adaptación de la información emergente en todos los campos del saber humano. Semejante panorama supone un gran desafío e implica la aplicación de políticas encaminadas a conseguir la armonía entre las nuevas ideas y las normas universitarias preestablecidas.

Puesto que el conocimiento ha dejado de ser aislado, la sociedad actual es una sociedad del conocimiento en donde el acceso a las fuentes de información ha traspasado todas las fronteras gracias a las últimas tecnologías y al poder de los grandes emporios mediáticos. Pero ello no debe ser interpretado al cien por ciento como un logro incontestable para la comunidad universitaria. No estoy seguro de que esas mismas tecnologías estén contribuyendo al progreso sostenido de nuestro hábitat. El daño irreversible al planeta ocasionado por la producción a gran escala y el uso desenfrenado de soportes tecnológicos sofisticados no es divulgado en los claustros universitarios por grandes intereses económicos que se oponen.

Cuando líneas arriba postulaba a las nuevas ideas como el núcleo en torno al cual giraban las demás transformaciones que debería asumir la Universidad, no estaba hablando necesariamente de las últimas tecnologías, sino hacía referencia a un abanico amplio de conceptos antiguos y actuales que bien podrían conjugarse para hacer frente a los grandes problemas de la civilización.

La internacionalización del aprendizaje y del conocimiento ha de constituir una de las principales prioridades en los estatutos de las universidades. Y es que lo que interesa a un país interesa también a otros. Los espacios para consolidar las alianzas estratégicas a nivel internacional no dejan de tener importancia en la era digital. La Universidad puede jugar un rol de primer orden en este plano ya que la transferencia de tecnología a grupos humanos en rezago conllevará a una progresiva toma de consciencia respecto del enorme potencial oculto de pueblos cuyas injusticias históricas les negaron el desarrollo. En este ejemplo se refleja a plenitud la relevancia de la educación superior y el accionar de los docentes.

De otro lado, delimitar el campo de acción del profesor en un contexto global caracterizado por la innovación es una tarea complicada. A la rutina diaria de la preparación técnica de las clases, el profesor trata de conciliar otros aspectos de su desarrollo como profesional. Así, la socialización en el círculo intelectual donde se desenvuelve da pie a la necesidad de cumplir determinados sueños y proyectos. En este sentido, se vuelve imperativo revalorar la figura del profesor desde diferentes ángulos y no solo verlo como el profesional que imparte clases.

La universidad y la enseñanza del futuro

En este acápite vale la pena subrayar los aportes del educador español Francisco Imbernóm. A mi parecer sus postulados más rescatables son:

1) Incremento considerable en las distintas formas que puede adoptar el conocimiento científico.

2) Evolución de la sociedad en diferentes aspectos como consecuencia de los deseos e intereses de las nuevas generaciones (material, institucional, de la familia, formas de convivencia, etc).

3) Crisis en la transmisión del conocimiento a causa del conflicto de intereses existente entre grupos de poder que controlan los medios de comunicación y las últimas tecnologías de la información.

4) La educación ya no es patrimonio exclusivo de los docentes dado que en la actualidad otros actores de la sociedad también pueden ejercer esa función.

5) La coyuntura actual obliga a efectuar cambios en la organización y orientación de la enseñanza.

Mención especial merece el estudio realizado por Torrents, sobre todo en lo concerniente al compromiso docente con la realidad y las nuevas fronteras morales. En esa línea de pensamiento, la incapacidad por resaltar lo trascendental de los temas y el simplismo en el que caen muchos docentes en sus explicaciones hacen creer que los años pasados en la universidad no fueron aprovechados al máximo. No quiero adentrarme en el lado moral del tema materia de discusión toda vez que ya todo parece estar dicho. De la tesis que postula Torrens se desprende una cuestión que muy a menudo se prefiere evitar en la planificación universitaria: La necesidad de reorganizar las universidades despojándonos de viejos prejuicios y tomando en cuenta el progreso de las comunidades.

En un espectro más general nadie ha respondido a la fecha la pregunta de si es factible la libertad de investigación en el marco de un sistema neoliberal. Más allá de casos específicos donde el poder económico neoliberal ha podido desarrollar con éxito proyectos de investigación científica, es innegable que seguimos perdidos en un laberinto sin salida en cuanto a investigación científica se refiere. Y hablo de las veces en que los países subdesarrollados han sido los grandes perjudicados de un sistema que premia a un grupo reducido de individuos y da la espalda a los talentos existentes en nuestras tierras. No en vano la llamada fuga de talentos sigue tomando fuerza sin que ninguna política sensata tome medidas correctivas al respecto.

Propuestas relacionadas con la mejora de las universidades.

A todas luces es claro que urge establecer una estrecha colaboración entre empresariado y especialistas egresados de las universidades e institutos. Si conseguimos unificar los intereses del empresariado con los de la comunidad se dará paso al progresivo desarrollo de las industrias peruanas. De llegar ese día, estaremos en condiciones de competir en todos los mercados y en todos los frentes. La universidad debería establecer múltiples convenios con entidades privadas, ONGs, gobierno, etc para asegurar que un porcentaje importante de sus egresados tenga puestos de trabajo asegurados en distintas firmas. Obviamente que el egresado tiene que mostrar un compromiso con su comunidad, identificando los puntos más álgidos de su problemática para resolverlos gradualmente.

El profesor del futuro

Estoy convencido de que el éxito empresarial es producto del buen desempeño del capital humano. Por ello es de vital importancia analizar cuál será el papel que cumplirá el profesor del futuro en la sociedad. En primer lugar el docente siempre acude a los conocimientos científicos existentes, luego ve los conocimientos que están siendo discutidos actualmente y termina haciendo un análisis de sus propios conocimientos. Encontrar un equilibrio entre estos tres conocimientos a la hora de desarrollar su clase es lo ideal. No obstante la mayoría fracasa en ese intento.

Implementar una metodología de aprendizaje que ponga énfasis en desarrollar competencias y aptitudes en el alumnado puede convertir la labor del docente en una práctica más enriquecedora, beneficiosa y llevadera. La clave en esta modalidad de aprendizaje es despertar el interés del futuro profesional por el tema abordado haciéndolo partícipe en la toma de decisiones. Desconfiar de tesis irrebatibles y someterlas a discusión hará del estudiante un agente de cambio.

Soy partidario de la necesidad de impulsar la internacionalización del docente tomando medidas que coadyuven a la interacción plena de éste con sus homólogos de otros países. Subvencionar programas de aprendizaje de idiomas, viajes y estadías para docentes debería ser una preocupación prioritaria de las autoridades universitarias. Si no se valora lo que se tiene tarde o temprano la universidad perderá credibilidad y propiciará involuntariamente la aparición de organizaciones que intentarán suplantarla. ¿Es eso lo que queremos? Ha llegado el momento de tomar las decisiones correctas y apostar por la cultura.

Dilemas del profesor que quiere mejorar

Los problemas ligados a la vida diaria de los docentes por lo general influyen en la profundidad y dedicación que éstos ponen a la investigación por cuenta propia. No podemos hablar de falta de voluntad cuando el profesor se ve obligado a dar solución a conflictos colaterales ajenos a su profesión. Quienes pertenecen a este grupo sencillamente son víctimas de una sociedad venida a menos y caracterizada por la falta de cultura y oportunidades para salir adelante.

Otro grupo pertenece a los docentes de ¨vanguardia¨. Son quienes se actualizan constantemente, han gozado de beneficios importantes, tienen maestrías y doctorados, dominan idiomas, viajan al extranjero en el marco de intercambios académicos, asisten a simposios y congresos internacionales y ganan una cantidad de dinero más que aceptable. Tal situación les reporta una altísima reputación y se les pide sus consideraciones cuando se originan problemas de gran resonancia para el país.

El contraste entre uno y otro grupo es más que evidente. ¿Qué hacen los gobiernos de turno y las entidades privadas por paliar la situación? Al parecer les tiene sin cuidado. Existe un amplio consenso según el cual nuestros representantes no quieren que la gente se eduque y culturice.

A modo de conclusión cabe sostener que la docencia universitaria debe iniciar un proceso de transformación profunda si quiere hacerle frente a los grandes desafíos que tiene pendiente la pedagogía. Refundar los sistemas de educación imperantes es una obligación moral de los Estados que han sucumbido a los cantos de sirena del obscurantismo, la desinformación y el interés perverso de las corporaciones enquistadas en las universidades. Tener claro que debemos romper con el sistema neoliberal para fomentar la investigación científica es algo que deberían compartir los docentes honestos y humanistas.

Educar a los demás es acaso una de las profesiones más nobles que existe. No dejemos que poderes ocultos e inhumanos destruyan ese ideal. El futuro de la docencia será lo que nosotros queramos que sea.

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Acerca de belator1978

Periodista Internacional. Magíster con mención en Problemática Internacional. Especialista en conflictos armados y política exterior.
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